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Cuernos en Madrid

Este año ha sido un buen Orgullo, aunque no he podido a ver a todo el mundo que me gustaría, entre otras cosas porque soy un chico trabajador y no he podido tener la libertad que he tenido siempre en el Orgullo.  El miércoles fui con el chico al que hacen bullying en clase (he escrito un post sobre él hace unos meses) a ver a su nuestro ídolo Conchita Wurst en el pregón, para celebrar el Orgullo y sus vacaciones que para él es la libertad de sus putos compañeros. Me sentía un poco raro con un chico 10 años más joven que yo, pensaba… si podría ser mi hijo! Pero la verdad es que somos buenos amigos, soy como su hermano mayor y en el fondo… debo reconocer que no me cuesta nada encajar con los gustos de un adolescente, llámalo inmadurez o efectos de la generación perdida.  Y me centraré en lo sexy, que para eso es el tema del blog. El jueves quedé con Oso Casado, no le veía desde 2012, sigue casado y su hijo ya anda. Esta vez si que no me sentí culpable… total… se ha puesto en serio con lo del sexo gay fuera del matrimonio, y él es el que me llama, así que… Dios me libre. Seguramente su mujer no merece que le pongan los cuernos aunque no hacen el amor juntos desde hace años. Oso Casado me pone mucho, a mi que me cuesta a veces correrme, con él me tengo que aguantar para no terminar demasiado pronto.  ¿Os acordáis de Jean Paul, aquel fotógrafo francés que vive en Londres y que conocí en una Vogue’s Fashion Night Out en Madrid con el que después pasé unos días en Navidad en 2010 en París, que me dejó solo una noche y le puse los cuernos en nuestra propia cama de hotel con un cachas al que no le entendía un “mot”? Pues vino el viernes, el caso es que hemos quedado después de tantos años de Skype y cibercoqueteo. En realidad no ha venido por mí sino por sus amigos pero como viajero que es tendrá a uno en cada puerto, y yo soy el del Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Hemos hablado más que follado, aunque follado también! Ha sido tan romántico como lo fue aquella Navidad y no se merece que le pongan los cuernos. También ha venido Leñador, aquel osete con el que hice un trío en la Sauna Premium en 2012, entre otras citas sin un tercero ese mismo año. Quedé con él el domingo poco después de despedirme de Jean Paul con final feliz, Leñador siempre se merece un momento de mi tiempo y me gusta mucho, pero tiene algo que me pone nevioso, vamos, que me dan unos gatillazos gigantes, creo que es demasiado mi tipo para que me pueda relajar, y además me he enterado de que tiene novio, no sabría explicar cómo me impactó aquella buenimala noticia. – Pero yo te gusto más, a que sí? – le pregunté desnudo, tumbado, debajo de su cuerpo peludo. No sé lo que respondió, algo inteligente y que le salvó la vida, pero por un momento me permití pensar que era verdad, total, allí estaba conmigo en vez de con su novio y me permití creer en mi propia mentira. Seguramente el novio tampoco merezca que le pongan los cuernos. Teníamos demasiado calor para disfrutar de estar caliente. No me pude correr con él. El Escort que conocí hace años también estaba en Madrid esa noche y quedé con él en menos que canta un gallo, no le veía desde aquella vez en 2012 cuando me invitó a una de las fiestas de famosos que frecuenta por su “trabajo”. Sabía que no me iba a cobrar y yo tenía la vena de periodista a flor de piel y quizás con él podría correrme esa noche. – ¿Cómo vive un escort el Orgullo Gay, a caso hay trabajo con la cantidad de chicos gratis que invaden la ciudad? – le pregunté mientras le pajeaba.  – Siempre hay trabajo, contratar a un escort no es sólo una cuestión de necesidad, también nos contratan por morbo. – contestó.  – ¿Has trabajado mucho?  – Sí, pero tengo fuerzas para ti – viendo lo dura que la tenía… entendí que su potencia era imprescindible para su trabajo. Yo era el tercero ese día y yo estaba mucho más agotado que él. Por eso él es Escort y yo no.  – ¿Cuánto has ganado este Orgullo? – mi sangre de periodista fluía por mi cuerpo a toda velocidad  – Más que tú en un mes en ese trabajo de mierda que tienes.  – Eres una mala influencia, siempre has intentado que me interese por ser escort.  – Qué fácil eres, Leo! ¿Si compartimos 350€ para los dos por un rato con un casado vendrías? Conmigo no te va a pasar nada malo, todo bueno.  – Me lo pensaré mientras me follas de pie en medio de este salón, prometo poner el ojete a la altura perfecta.  – Vendrías y lo sabes. ¿Cuántos videojuegos podrías comprarte al acabar con el cliente?  – Sólo tres o cuatro, depende.  – Piénsatelo, Leo, piénsatelo! – decía mientras me envestía y a mi se me cargaban las piernas en esa posición.  – Hagamos un perfil pero no prometo nada. Y déjame en paz, no puedo pensar mientras me follan. El Orgullo me ha dejado una sensación de zarandeo increíble. ¿Es esto lo que deseo, volar de flor en flor esquivando cuernos…? Y lo que me faltaba, ser chapero… Lo que sí tengo es un síndrome de Pretty Woman muy fuerte, todos los días sueño con que alguien me retira de las calles, que en este Orgullo eran tan peligrosas como los San Fermines, cuerno por aquí, cuerno por allá.

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